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Es uno de los escritores de lectura obligatoria en escuelas de España y Latinoamérica. Ha sido galardonado con casi veinte premios literarios…. Las chicas de Alambre I. Jordi Sierra i Fabra. Primera fecha de publicación: Jonathan Boix y Vanessa Cadafach. Personajes Secundarios: Ambiente Físico: Una ciudad de España - El edificio de la revista Zonas….

Para seguir con lo de las gotas. Es demasiado. Y de veras que lo han conseguido. Yo levanté la vista del libro. Yo me quedé mirando alternativamente a la pantalla y a él y le dije: Yo ya debía haber visto Casablanca unas quince veces. Discutimos un rato. Encima el tío se burla de que me guste leer y escribir. Miguel se reía escandalosamente a cada segundo. Me acompaña hasta cuando no viene conmigo. Un día hicimos un pacto. Menos mal. Miguel cumple todos los requisitos del perfecto idiota. Es algo muy simple pero que nos define muy bien en todo. En ese momento no encontré una frase ingeniosa para dejarle humillado.

Es un muñeco de esos que le aprietas en la tripa y te suelta una parrafada sin saber lo que dice. Miguelín, el muñeco parlanchín. Miguel Los días de instituto nos levantamos a las ocho menos cuarto. Por tanto, desde que nos despertamos hasta que nos vamos al instituto estamos solos. Con el tiempo, hemos ido diseñando un plan de acción para cruzarnos lo menos posible. Mientras me ducho y me visto, él desayuna y hace la cama, y viceversa.

Normalmente nuestros despertadores suenan a la vez, pero hoy sólo suena el mío. Antes de incorporarme, escucho ruidos por la casa. Me asomo a su cuarto. Yo alucino. Ya tiene la cama hecha. Ha puesto la alarma veinte minutos antes y por eso no ha sonado a las ocho menos cuarto. Extrañado por este cambio, voy a la cocina y me pongo a desayunar.

La chica del andén de enfrente (juvenil)

Eduardo sale ya vestido y viene a la cocina. Se calienta la leche y se sienta en la mesa conmigo. Aquí pasa algo raro, muuuuy raro. Cada uno mira su vaso. Es un silencio tenso. El primer día, encima, nos sentaron juntos, por el apellido. Era la releche. No bastaba con que estuviésemos viviendo en la misma casa, con que fuésemos al mismo instituto, a la misma clase, no, encima teníamos que compartir pupitre. Trazamos una línea divisoria del tablero. El lado izquierdo era suyo y el derecho mío. Así de claro. El segundo día de clase, comprobé con satisfacción que su bolígrafo había traspasado la línea.

Al tercer día, fui a hablar con la tutora y le pedí, casi le supliqué, que me cambiase de sitio. La tutora accedió, ya le había. Eduardo no me dijo nada, pero sé que no le hizo ni pizca de gracia, no que nos separasen, por favor, él también lo deseaba, sino que hubiese sido yo y no él quien lo solicitase. En el subsuelo no hay atascos. A cualquier otra hora del día da igual, pero veinte minutos a estas horas de la mañana son la frontera entre la vida y la muerte.

Lo que no sabe es que un fracasado nunca puede acabar venciendo. Si total, lo de ir juntos en el metro era casi un decir. Salíamos mudos de casa. Eduardo abría la mochila, sacaba un libro y el mundo se acababa para él. Yo, si fuese carterista, buscaría tíos como mi hermano. Un día de estos le dejan en pelotas y ni se entera, mientras que no le toquen el libro, claro.

Normalmente en la boca del metro estaban mis colegas y allí me quedaba con ellos, unas veces para ir a clase y otras a los futbolos o al parquecillo. Eduardo seguía su camino hasta el instituto y, cuando yo llegaba, él siempre estaba en clase, sentado en su silla, a su bola. Tengo que reconocer que cuando se siente a gusto consigo mismo, algo que por suerte no pasa muy a menudo, no hay quien le mire. Te puede hundir, el mamón. Así que dejo el vaso en el fregadero, y me encierro en el cuarto de baño. Todavía tengo tiempo para una buena ducha.

Al otro lado de la puerta, y amortiguado por el sonido del agua, escucho la cremallera de la mochila de Eduardo, a continuación unos pasos que se alejan y finalmente el portazo definitivo. Salgo del baño. Es curioso, pero me siento totalmente liberado. No tengo que estar en constante tensión tratando de evitarle. Puedo moverme libremente por la casa. Esos sí que se lo tienen que montar bien. Conozco a alguno y se queja de que al estar él solo le caen todas las broncas a él.

Fue a principios de año, justo el primer día que falté a clase para ir a echar unos futbolos con los colegas. Eduardo llegó a casa con una sonrisa muy poco prometedora. No dijo nada en toda la larde, hasta que nos sentamos a cenar. Lo preguntaba todos los días, pero a mí me pareció el primero, como si justo hoy sospechase algo. Yo apreté los dientes. No había duda, la había cagado. Mis padres al principio no reaccionaron. Pero al cabo de unos segundos, mi madre dio un respingo. Pocas veces he sentido tanto odio hacia él. Mis padres me castigaron sin paga y sin salir, y mira que a mis padres les cuesta castigarnos.

Me seguía juntando con los colegas en la boca del metro, pero los días en que decidían ir a echar un rey del futbolín, yo tenía que ir a clase. Todos estaban sorprendidos por la imbecilidad de mi hermano. Hicimos mil planes: No sabía qué hacer, todo estaba fatal. Si esto seguía así, me pasaría el resto del curso sometido a mi hermano, como un esclavo, y lo peor de todo es que no veía una forma de que cambiasen las cosas.

Cuando ya daba todo por perdido, sucedió el milagro. Cuando llegó, traía el puño libre apretado en señal de victoria y me miraba a mí. De camino, había visto a mi hermano. Estaba sentado en un banco. En la otra un cigarrillo. Ja, mi hermano fumando. No me lo podía creer, era demasiado bonito para ser verdad. Saldría ganando. Aquel día, mientras volvíamos a casa, le dije: Todavía no sé lo que quiere decir exactamente la frase que le solté a Eduardo, pero no cabe duda de que conseguí el efecto que deseaba. Mi hermano se calló. Y de momento ha permanecido callado, y yo he faltado todas las veces que he querido.

Eduardo Suena mi despertador. Hoy me toca a mí.

Chica del andén de enfrente

El despertador sigue sonando. Me levanto de la cama. Escojo la ropa que me voy a poner hoy y. Dejemos el futuro para el futuro. Ahora debe de estar alucinado. Le miro directamente. Le tengo contra las cuerdas. Asomo mi cabeza por el marco de la puerta. Ahora tengo que pensar en mi hermano. Tanteo con el dedo hasta que encuentro el agua a mi gusto y me coloco debajo del chorro. En la vida hay que vencer como un señor. Me meto en el cuarto. Ambos nos quedamos absortos en nuestros tazones.


  1. ver cita a ciegas!
  2. conseguir tristana chica riot?
  3. Comentarios en la convesación de LA CHICA DEL ANDÉN DE ENFRENTE!
  4. Pequeños poetas;

Intenta girar su cabeza. Suena el despertador de Miguel y casi lo agradezco. Ahí te pillaré. Miguel moja una magdalena y muerde la parte empapada en leche.

La Chica del Andén de Enfrente [Visita a México, DF]

Cierro el grifo y me quedo parado. Tengo la impresión de que a partir de hoy vamos a ser menos gemelos. El chirrido de una silla que se arrastra. Se detienen. Es el momento. No sabe qué decir. Preparo mi desayuno y me siento en la mesa. Cierro la puerta de casa y se me hace raro que mi hermano no salga conmigo. Me visto a toda prisa y abandono el cuarto de baño tratando de contener esa sonrisa que adorna la boca de todos los triunfadores. Si supiese exactamente lo que iba a hacer en el futuro. La mía. Oigo sus pisadas por el pasillo. Me quedaría así durante años: Pisa el freno.

Levanto la cabeza. De nuevo los pasos. Miguel intenta abrir la puerta. Él debía de creer que al ponerse los. Entro en la cocina. Avanzo por el pasillo. Aunque cree que no lo noto. La diferencia parece pequeña. Su cabeza sólo sirve para eso. Acabo de dar por sentado tantas cosas sobre mi futuro que ahora me da hasta miedo abandonar el chorro.

Me siente allí. Miguel se levanta. Me meto en el cuarto de baño. Ya me imagino la escena: Una vez dentro. Esto es una locura. Así que cruza frente a las narices de todos y cada uno se cabrea a su manera: Se le ve cargado de gente. Qué se le va a hacer. Me temo lo peor. En todo el trayecto no tenía que preocuparme de él. Y puedo subir.

Llega a nuestra altura. No sé si ocurrió exactamente de esta manera. Tengo que llegar a la puerta del instituto evitando pasar por la boca de metro. Viene a reventar. De pronto. La gente desborda por todos los lados posibles la marquesina que hay junto a la señal que indica la parada. Doy un giro brusco para zafarme de la asfixia y no sólo no lo consigo. Es rojo. Quedan dos paradas para bajarme y estoy lejos de la puerta. Me temoooo… Efectivamente. Ya sé que tampoco es tanto. Cuando al fin lo saco. Comienza a oírse un murmullo general y a sentirse la toma de posiciones estratégicas.

A continuación. Voy a tener que ser fuerte para aguantar todas las mañanas lo mismo que hoy. Fue en el estadio Vicente Calderón. El río de automóviles avanza como si no quisiese hacerlo. Menos mal que soy joven y tengo una potencia de codos envidiable. Llega la parada y no es que baje. Como se abra alguna de ellas. Miro el reloj —ya puedo mover libremente las manos—.

Mi brazo derecho ya es una serpiente ciega que tantea y tantea hasta dar con el libro. Busco a tientas el tirador de la cremallera y la abro trabajosamente. No es tan difícil. Pasé el resto del concierto con los pies colgando. Ahora hay que buscar el libro entre la carpeta y los libros de texto. Estoy aprisionado entre un maletín y el culo de una mujer. Después de muchos bostezos —algunos se encadenan con el siguiente—. Qué gusto da verlos ahí enfrente. Vamos a ver: No es lógico que alguien. Mire donde mire sólo veo minifaldas. O no me responde. Cuando salgo del vagón ya casi no puedo contenerme.

Estamos en primavera y la ropa empieza a ser escasa. Todo lo hace bailando. Me dirijo hacia la puerta. A estas horas. Le resbala el resto del mundo. Naciste viejo. Salgo por una de las bocas de metro de Moncloa. Si el metro hervía. El tío Bert sigue con la mirada a un grupo de chicas y niega con la cabeza. Cuando salgo de juerga. Ésta es mi noche. Mi hermano debe de seguir enfrente. En el portal me cruzo con Rogelio.

Mientras yo me afeito. Me salen unas frases que ya quisiera mi hermano. De todas formas. Desde la entrada sólo veo una pequeña porción de salón. El Tutirreta. A su lado. Entre el grupo. Madrid es la mejor ciudad del mundo. Qué extraño. Seguro que si viviese en Nueva York o en París. Desaparezco por la boca del metro. Junto al edificio cuadrado que hay al otro lado de la anchísima calle.

Sobre todo me fijo en los grupos de chicas. Ya el metro me va metiendo en ambiente. He quedado con los colegas en Moncloa. Nuestra vida sólo tiene un sentido: A un lado del camino por el que bajamos. Volvemos al mismo sitio del principio. Y la cadena ya no tiene fin. Yo diría que el edificio en el que habíamos quedado era cuadrado antes.

Este parque tiene algo de tenebroso Que me gusta. Es como un mundo aparte.

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Pobre Jimmy. Es el momento de subir al mundo real. Lo bueno viene con el tiempo. Si se le cruzan los cables a uno. Pasar al lado de estos cabrones es como jugar a la ruleta rusa. Y cuando uno suelta una burrada que parece insuperable. Que los padres de uno le han dicho que de seguir así le van a buscar un trabajo para que sepa lo dura que es la vida. Una por allí. El mundo se reduce a lo de siempre. Somos diez y sólo contamos con nuestros puños. Se vuelven unos matados de campeonato.

Me parece increíble que hayan venido tantos. Se reparten los vasos. Los amigos con novia dan auténtico asco. Todo el mundo lo sabe. Por suerte pasan de largo y sólo nos llaman guarros un par de veces. El tema de hoy vuelve a ser el del fin de semana pasado. Resulta curioso cómo las conversaciones empiezan suaves. Mis ojos pasean nerviosos: Hoy se deben de haber quedado las respectivas estudiando.

Cada vez que lo pienso me pongo malo llego hasta el grupo.


  1. Las letras llenan nuestra vida: La chica del andén de enfrente.
  2. Colecciones;
  3. La chica del andén de enfrente.
  4. XIII CONCURSO LITERARIO BACHILLER DIEGO SÁNCHEZ.
  5. Documentos relacionados;
  6. conocer mujeres sin hijos.
  7. Ensayos populares.

Llevamos ya unos cuantos vasos y se nota porque todos empezamos a hablar a gritos. Tengo una especie de mirada selectiva que desprecia todo lo que no sean chicas. Entre sus pies hay unas bolsas cuyo contenido. Nosotros somos un grupo valiente pero no imbécil. A veces. Puedo estar pensando en cualquier cosa. Lupas y al Tocho para ir a pedir la siguiente. Después de pedir. Las mentiras. Él sí que sabe. Nos acercamos a la barra y pedimos copas.

Sé que acabo de traspasar el famoso punto de no retorno. Delante de mí hay una chica con una camiseta azul de tirantes que no me deja pensar en otra cosa. Meneo la cabeza al son eléctrico de la canción casi por inercia. Dios mío. De camino. Es un bar de viejos. Puede que caiga alguno en el camino. Pedimos unos litros variados cerveza. Agarro el vaso con fuerza. Cada uno tiene a una entre ceja y ceja.

Me gustan los sitios con vigilancia. Nos acercamos a ellas lentamente. En un abrir y cerrar de ojos aparecemos allí. Jimmy ha empezado a bailar y ya tiene tres tías revoloteando alrededor. García vuelve de dar una vuelta con valiosos informes. Convenimos los cinco en hacer un ataque en masa a un grupo de otras tantas. Es increíble este Jimmy. Apuramos los litros y nos escopetamos al Otro Sitio. Siempre vamos al mismo al principio. Consulto con mis amigos. Entramos en el primer bar. En bloque. Antes de entrar en acción.

No pueden notar que vamos medio tajados o no nos dejarían entrar. Hay demasiada luz. La oscuridad es como un caldo espeso. Yo he elegido. Parece como si se los hubiésemos robado. Después de salir un par de grupitos. Pero bueno. Éste es mi sitio y hoy estoy inspirado.

La chica del andén de enfrente (juvenil)

Ella sonríe. Ella mira hacia abajo. Hacemos buena pareja. Empezamos a hablar de Francia. A medida que hablo. García ya se ha enganchado a la suya. Ella no me deja ni empezar la conversación. Creo que ha dicho Normandía. Entonces la interrumpo en medio de una frase que mi dedo juguetee con uno de sus pendientes. Abandonamos definitivamente el tema cuando le digo que lo que mas me gustaría ver de Francia es esa torre inclinada que parece que se va a caer. Yo me planto frente a mi objetivo. Pero centrémonos en los pendientes. De momento hablar. Por cierto. Decenas de puntitos de luz bailan por sus mejillas.

Soy inmortal. Me lo deletrea. Yo sonrío. Empieza a poseerme el espíritu invencible que acude a mí todos los fines de semana. Pero parece que esta noche no me voy a comer la borrachera solo. En mitad de una interesantísima conversación acerca de los tunos que cantan en las tascas de la Plaza Mayor. Son sendas bolas. Pasamos a hablar de Madrid. La verdad es que me interesa poco su vida. El grupo de chicas observa nuestra inminente entrada en escena. Hacen un efecto alucinante. Habla lentamente y abriendo mucho la boca. Seguimos hablando. No debe de ser española.

A medida que me acerco los veo mejor. Vuelve a reírse. Ésta es la gente que levanta el país el país. Yo tuerzo el cuello un poco. Yo dejo la bolita y coloco mi mano en su nuca. Levanta la vista y pone cara de no entender nada. Esto funciona así. Y el punto final de la frase se funde con el beso. Un murmullo similar al anterior ofrece la respuesta.

Rogelio me ha dejado un poco chafado. Podría decírselo a mi hermano. Yo doy un respingo. Acerco mi boca a la suya.

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Mi hermano no merece ni tres segundos en mis pensamientos. Él se registra los bolsillos y. Mis padres le acaban de decir que llegue pronto. Le he visto muchas veces mal. Tampoco es plan de levantarme y asomarme descaradamente. Eduardo Mi hermano tiene un serio problema.

En fin. Yo vuelvo al programa. Vive para ponerse ciego los fines de semana. No sé para qué pone tanto empeño en ir hecho un pincel. La consulta. De vez en cuando se asoma al salón para verse en el espejo grande. De nuevo cruza por el salón. Ver todas las entradas de contando-palabras. Notificarme los nuevos comentarios por correo electrónico.

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